viernes, 23 de enero de 2009

LA MAYOR VERGÜENZA DEL MUNDO

Hola, amigos:

En primer lugar debo daros las gracias. He mirado el número de visitas que tiene el blog desde que se creó y salen más de 800 en el momento que escribo estas líneas. Esperaba que solo hubiesen entrado cuatro o cinco gatos, los que siempre me comentan las cosas, y resulta que hay muchos más. Gracias a todos.

Ahora vamos con una historia desconocida para muchos de vosotros, a la altura de las mas sórdidas y ridículas que me hayan pasado nunca. Va por Yoli, una de las pocas personas que conoce la historia, aunque dudo que me lea.

Una vez tuve una novia la mar de creativa. Por culpa de su creatividad y mi especial suerte me pasaron cosas que incluso en este blog serían inconfesables. Cuando acabó la relación pensaba que nunca volvería a encontrar a nadie como ella y aunque así fue, nunca supuse que su recuerdo volvería a mi mente tan pronto, concretamente a las pocas semanas de estar con otra chica.

Soy extremadamente juguetón en la cama y me gusta hacer apuestas continuamente, del tipo "si gano, te quedas quietecita y hago contigo lo que me dé la gana; si pierdo, el que se queda quietecito soy yo...".

El caso es que cuando perdí mi primera apuesta no pude quedarme quieto precisamente y medio en broma, medio en serio, me gané una amonestación.

Pero mira que eres sinvergüenza.

Es que me puede la sangre, niña.

Si, si, la sangre. La próxima vez te amarro a la cama.

Vale, vale. Me quedo quieto la próxima vez.

Pero terminó siendo una mentira grande, como Falete, así que tenía que redimirme y decidí hacerlo como Dios manda. Me fuí al sex-shop más famoso de Sevilla, entré, ví a un pedazo de mujer detrás del mostrador, me fuí hacia ella y le pregunté:

¿Tiene unas buenas esposas ?

Claro, cariño - voz profunda, grave, de llamarse Manolo, con un agujero solo... virgen santa - acolchadas, de bondage, de las que hacen daño... ¿qué prefieres?

Pues que no haga daño, si es posible. Es solo para quedarme quieto.

Mmm... hay muchas formas de quedarse quieto, si quieres te comento alguna, cariño.

Mire, mejor no. Deme las esposas, que lo tengo claro.

Y allá que me fuí con mi paquetito bien sujeto, y me refiero al paquetito de las esposas. Llamé a mi chica:

Tengo una sorpresa para ti...

Ah, ¿si?

Si. Nos vemos a las siete en mi casa. ¿Te parece?

Vale.

Y a las siete menos cinco ya estaba asomado a la ventana para verla llegar. Vivo en un 4º piso sin ascensor, así que cuando la ví entrar en el portal sabía que pasarían unos minutos mientras llegaba a casa. Pero apenas había subido un par de escalones cuando la llamó su hermana.

El coche me ha dejado tirada, ¿puedes venir por mí?

Pues claro, ahora mismo. Llamo a Miguel y le digo que nos vemos mas tarde, así no subo los cuatro pisos.

Me llama al móvil y yo no le contesto. Como piensa que estoy en la ducha o en el baño me manda un mensajito donde me dice que me llamará cuando pueda. Y se va.

Y yo no puedo coger el móvil ni contestar porque ya estoy encadenado a la cama, en pelotas, con las llaves encima de la mesita de noche, totalmente fuera de mi alcance.

Cuando pasan los minutos comienzo a pensar que algo ha pasado y como todos los hombres me pongo en lo peor: que ha muerto en las escaleras, y que luego moriré yo, de sed, de hambre o devorado por las hormigas. Dos horas mas tarde apareció en casa, toda preocupada porque no cogía mi móvil, porque no contestaba a los mensajes, porque podía pasarme algo. Y me encuentra con las piernas cruzadas porque me hago pipí, llorando mientras espero la muerte, desnudo, esposado...

Nunca en mi vida se han reido tanto de mí.

Nunca en mi vida estuve ni he vuelto a estar tan abochornado.

Besos a to@s


1 comentario:

Franz Dwermann dijo...

No sé si la conocerías, pero... http://es.wikipedia.org/wiki/El_juego_de_Gerald